Morio Higaonna: El valor de la tradición

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Eran las seis de la mañana de un día de septiembre de 2011, cuando en la Escuela de Artes Marciales Shunji Sudo, el gimnasio de karate okinawense ubicado en el centro Perú de Chacao, en Caracas, varias filas de hombres y mujeres con el cinturón negro atado a su talle, gritaban ¡kiai!, mientras lanzaban sus puños al unísono a la cuenta de un hombre mayor, de baja estatura, ubicado frente a ellos. Su cabello nevado y pacíficos ojos rasgados hacían contraste con las manos pobladas de cayos en sus nudillos, develando infinitas horas de entrenamiento y el por qué tan nutrido grupo de contextura atlética lo reverenciaba con profunda admiración.

Morio Higaonna es considerado en el mundo de las artes marciales como una leyenda viva y el heredero directo de una de las líneas más tradicionales del karate surgido en la isla de Okinawa, Japón: Goju Ryu, por haber estudiado con el alumno más avanzado del fundador del estilo. Nacido el 25 de diciembre en 1938 en Naha, capital de Okinawa, el también fundador de la International Okinawa Goju Ryu Federation tiene casi 60 años entrenando de manera ininterrumpida, nunca ha dejado de perfeccionar su arte y su reputación es solo el resultado de su increíble habilidad y maestría, que solamente es excedida por su genuina modestia y humildad.

– ¿Cómo llegó el karate a su vida?

“Todos mis amigos y conocidos practicaban Karate. Mi padre era policía y había entrenado el estilo Shorinji Ryu, él me enseñó algunos movimientos. En mi infancia solo quería ganar las peleas callejeras, pero era el más pequeño del grupo, entonces buscaba ponerme en forma y siempre pensaba cómo hacer para ganarles. An´ichi Miyagi, el alumno más avanzado de Chojun Miyagi, fundador del estilo Goju Ryu, pasaba todos los días por mi casa y saludaba a mi padre. Un día, con un poco de dinero que me había dado mi madre entré al dojo de Chojun Miyagi”.

¿Cómo era su entrenamiento cuando comenzó? ¿Cómo ha cambiado de ese momento hasta hoy?

“Cuando comencé a practicar Goju Ryu, a los 16 años, entrenaba mínimo entre tres y cuatro horas diarias. Tenía una condición física débil por lo que me exigía el doble que los demás. Luego, cuando fui bachiller, entrenaba unas cuantas horas en el liceo y después en la noche en el dojo. Trotaba mucho para ganar resistencia, fortalecía mis puños con accesorios de entrenamiento llamados makiwara y hacía mucho kihon (técnicas básicas). Con el tiempo esa dedicación se fue haciendo casi exclusiva. Mi entrenamiento ha cambiado muy poco, sigo el calentamiento tradicional, mucho kata y meditación zen; en total dedico seis horas diarias aproximadamente. A través del entrenamiento físico se llega a dominar la mente, que es lo más importante. Además, para poder enseñar correctamente debes perfeccionar lo más completo posible tus técnicas, y eso solo se logra con entrenamiento”.

 – ¿Cómo pasó de ser alumno a enseñar?

“A los 21 años me fui de Okinawa a Tokio para estudiar en la universidad; empecé a dar algunas clases y allí y después abrí un dojo. Era la época de Bruce Lee y las artes marciales habían recuperado la popularidad que habían perdido en Japón, al ser consideradas violentas. Pero con la llegada de las películas de Lee todo el mundo quería entrenar y así fue como me encontré yendo a estudiar a la universidad una vez al mes y dando cuatro clases diarias de karate”.

– La popularidad del karate ha derivado en la aparición de una gran cantidad de lugares de entrenamiento con muchas personas dando clase. ¿Cómo hace alguien para saber si está en una escuela seria?

“Cuando alguien se interesa por el karate es muy importante la búsqueda de dónde y con quien entrenar. Es mejor pasar tres años buscando un maestro, que perder tres años con alguien que no tiene la capacidad de enseñar, y no me refiero solo a las técnicas, sino a la filosofía del karate, cuyo énfasis principal está en el desarrollo del espíritu y en el cuidado de la salud”.

– ¿Cómo se fusionan el karate y la espiritualidad? ¿Qué es lo que hay más allá de la técnica?

“Esa combinación yo la llamo Budo Karate y es una práctica cuyo objetivo es la formación de una personalidad completa. La preparación psicológica juega un papel muy notable, que se hace posible ejercitando la respiración Tanden, esa que llega hasta la parte más baja del abdomen, y donde la esencia es la formación de lo que significa ser persona en su sentido auténtico. Para ello son muy necesarios entrenamientos regulares, concentrándose en cada movimiento y en la respiración. Con su ayuda fortalecemos los órganos internos y alcanzamos un estado psíquico óptimo. Es muy distinto al karate deportivo que se trata de ganar medallas”.

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