FORJADORES DE MITOS… FORJADORES DE ESPADAS

Así como los griegos y los romanos, los japoneses veneraban a sus propios dioses y tienen una mitología muy rica. La religión Sintoísta remonta el origen de la katana al dios Izagami. De esa manera la espada se convirtió en un símbolo importante dentro de esta mitología y se le atribuían poderes mágicos que eran absorbidos por sus portadores.

Debido a esta veneración, ser un forjador era una profesión religiosa. El fabricante de espadas debía tener dones filosóficos, esotéricos y un amplio conocimiento como alquimista.  El proceso para la fabricación empezaba desde la extracción del metal, y la aleación era un secreto bien guardado.  Cada fase del forjado incluía rezos, incienso, abluciones de agua fría; adicional al trabajo de horno y a la correcta temperatura que debía tener el metal.

El maestro forjador y su ayudante se vestían de blanco, pues un buen forjador debía ser puro de espíritu, de corazón noble y culto, pues se creía que estas cualidades eran trasmitidas al sable. Siendo fundamental este desarrollo espiritual de los forjadores, muchos de ellos se convirtieron en monjes, afectos a la oración y a la meditación.

Existía un gran forjador llamado Masamune (1.330), cuyos sables eran de excelente calidad y además se le atribuían poderes en el combate, dándole suerte a sus portadores así como un elevado estado de iluminación y pensamientos estratégicos favorables en la batalla. Por el contrario, Muramasa (1.550) fue conocido como el forjador maldito, pues aunque sus espadas eran de excelente calidad, su carácter violento le atribuía un mal espíritu a sus sables y estos fueron usados en acciones nefastas e incluso con ellos fueron heridos dos emperadores. Su mala fama fue tal que estos sables fueron buscados y destruidos.

Un samurái siempre llevaba al menos una katana en el cinto y eran símbolo de estatus entre los guerreros. La belleza, resistencia y efectividad de las katanas en la guerra fue indiscutible, algunos filos podían cortar limpiamente el cañón de un fusil, partir el casco de un samurái e incluso cortar huesos sin ninguna dificultad.

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